lunes, 3 de enero de 2011

Doorman 4: Compañeros.

Cualquiera que haya pasado alguna vez por un centro comercial o por cualquier otro lugar donde tengan puertas automáticas sabe, de una u otra manera, que entre que se activan los sensores y se abren por completo las hojas, pasa un tiempo delicadamente largo comparado con el no muy veloz paso humano. Quiere esto decir que, como la cosa vaya un poco acelerada, varias teorías de la física acuden rápidamente al lugar de los hechos, como cuando a uno le entra un apretón, que también pasan cosas rápidamente. Quizá demasiado, de vez en cuando.

Por eso, cuando Ramón vio la escena, una cantidad significativa de neuronas tomaron las riendas del recinto cerebral y le comentaron que era posible que hiciera falta que se pusiera puertas a la obra. Expresión, por otra parte, que tenía que buscar la manera de recordar (se le había ocurrido el día anterior), para ser tan guay como los superhéroes de los cómics que lee, que tienen frases de esas y las sueltan con desparpajo y un ligero matiz narcisista cada vez que se les presenta una buena ocasión y, sobre todo, hay más gente delante.

Así pues, en un alarde de reflejos a la altura del más rubio, esbelto y afeminado elfo, invocó su poder y, haciendo cuernos en dirección a las puertas, las abrió con suficiente antelación como para que no ocurriera ninguna desgracia.

Decenas de personas pasaron como una exhalación por su lado sin ni siquiera percatarse de su presencia, asustados como estaban y temiendo por sus vidas, lo cual le venía bien para sus propósitos, pues ya había decidido que no quería dar a conocer públicamente sus habilidades, y haciendo uso de ellos, únicamente, desde las sombras del anonimato. El mundo no estaba preparado para alguien como él (probablemente).

El caso es que, una vez que hubo pasado el último cliente, se retiró tras el mostrador de su sección y desde ahí volvió a poner a prueba sus poderes, haciendo bajar la verja exterior de seguridad, para que nadie pudiera entrar en el recinto. De esta manera ya podía cometer la locura de aislar el foco de todo aquel jaleo… consigo mismo como única barrera que le hiciera frente.

Así pues, mientras cerraba todo a cal y canto lanzó una mirada rápida hacia donde parecía haber dado todo comienzo, aunque no alcanzó a distinguir nada, lo cual lo hacía todo más extraño.

Armándose de valor se dirigió, lo más silencioso que pudo, hacia el meollo, pero dando antes un pequeño rodeo a través de la sección de deportes, donde se le ocurrió que podría hacerse con un palo de golf. Estaba bien eso de hacerse el valiente pero, llegado el caso, una pequeña ayuda siempre era de agradecer y no había ninguna regla, escrita o no, que dijera que en una pelea contra el Mal hubiera que ser honorable o estar en igualdad de condiciones. Que eso es muy heroico, romántico, lírico… y también muy estúpido. Además lo había visto hacer en una película, lo cual verifica que es el correcto paso a seguir, pues para este tipo de cosas no exageran nunca y recrean siempre la pura realidad.

Desde que la gente había abandonado las instalaciones, todo estaba en calma y no se escuchaba ruido alguno. Nuevamente, su espíritu de elfo amortiguó el ruido de sus pisadas y fue acercándose poco a poco a la sección de electrónica.

Llegados a este punto, cabría preguntarse por qué no había acudido nadie de seguridad, pero ése sería un asunto a resolver más adelante: Doorman era un auténtico, genuino e increíble (literal) superhéroe, pero no podía estar en todas partes a la vez.

Anduvo por varios pasillos más, atravesando otras tres secciones desde la de deportes, teniendo especial cuidado al llegar a los pasillos transversales, pero todo estaba desierto. Al cabo de un rato, que le pareció eterno llegó, por fin, al espacio abierto de electrónica, donde suponía que todo parecía haber dado comienzo. Dobló una última esquina con toda precaución y se quedó un instante sorprendido, al ver a una de sus compañeras tirada en el suelo y con un hilo de sangre en el suelo, a la altura de su cabeza.

Miró en derredor y, al no ver ni oír a nadie, echó a correr hacia la chica. Llegados a este punto, decir que en absoluto es cierto que se fuera fijando en su culo mientras se acercaba. Cuando llegó a su lado comprobó que aún respiraba, así que se relajo e intentó reanimarla, si bien en esta ocasión tampoco nadie podría decir que sintiera una siniestra motivación extra por el hecho de ser… una mujer. No fue hasta que la compañera recuperó la consciencia cuando se dio cuenta de un par de pantallas enormes de televisión que estaban tiradas en el suelo, así como, un poco más allá, un equipo de música y, al fondo, lo que antes habían sido varias cámaras fotográficas.

Volvió a centrarse en la chica (al fin y al cabo, siempre termina uno haciéndolo, aunque jamás se admita), que ya empezaba a incorporarse mientras se palpaba el lugar de la cabeza de donde le había brotado la sangre, dándose cuenta de un bulto considerable debido a un fuerte golpe que recordó le hubieran asestado.

- ¿Dónde está todo el mundo? ¿Qué ha pasado?

- Bueno, yo esperaba que me lo dijeras tú.

- Joder, lo último que recuerdo es ver a un tío colocando algo sospechoso entre las cámaras digitales. Fui a llamarle la atención y entonces recibí un buen porrazo en la nuca, pero ya no recuerdo más.

- Supongo que después de eso vendrían las explosiones.

- ¿Explosiones?

- Sí, hubo tres. Pequeñas, pero mi mente detectivesca ha deducido que fueron las que destrozaron todos esos aparatos e hicieron que la gente huyera despavorida hacia la salida de la ropa interior.

- ¿Quién es la salida…?

- La puerta de salida que está donde la sección de ropa interior. Mi sección.

- Ah, qué susto. Pero, ¿tú…?

- Sí, hija, sí, este uniforme no lo uso por placer.

- Oh, entiendo. ¿Y le ha sucedido algo a alguien? ¿Ha salido todo el mundo?

- Sí, yo mismo organicé como pude el desalojo de la gente, que me costó mucho trabajo porque la estampida humana fue increíble y muy peligrosa.

- ¡Caray, qué valiente! Fantasma

- ¿Eh?

- No, eso, que me entusiasma. Que lo hayas conseguido, vaya.

- Ah. Je, gracias.

- Y, bueno, ¿tú te encuentras bien? ¿Te duele mucho el golpe?

- El golpe un poco, pero me duele más el orgullo. No sé cómo me pudieron pillar así de desprevenida.

- Normal, eres una tía

- ¿Cómo?

- Que normal, digo, que tienes hasta herida.

- Ah, creí haber entendido…

- ¿?

- Nada, déjalo.

- Te quiero.

- ¿Qué?

- No, que… eh… que te quiero preguntar tu nombre, que no te conocía. ¡Y eso que somos compis!

- Cáspita, perdona, será el golpe, que me ha dejado algo atontada.

- Ejem.

- ¿Sí?

- No, carraspeaba.

- Ah, ¿de fumar?

- Ya lo he dejado. Con esto de la nueva ley…

- Entiendo. Pues nada, me llamo Paloma, pero mis amistades me llaman…

- ¿Pop Corn?

- ¡Oh, nos has salido héroe modesto y gracioso! ¡Bravo! No, me llaman DB.

- ¿Como los cómics?

- De Be.

- Ah, yo soy Door… Ramón. Por cierto, ¿por qué te llaman DB?

- Es una larga historia. Tal vez te la cuente un día, hombre-lencería.

- Muy graciosa tú también… En fin, volviendo al asunto que tenemos entre manos… ¿no recuerdas, tal vez, qué te llamó la atención del tipo que viste? ¿Qué hacía?

- Pues… tenía en las manos algo. Como… como una botella de plástico, o algo parecido.

- Uhm… eso suena a las típicas “bombas caseras” de agua fuerte y tal…

- Podría ser, sí. Pero menudas explosiones, para dejar todo eso así. ¡Hey, espera un momento! ¡Se han llevado los portátiles! ¡Y la estantería de los Iphone ® está vacía!

- Joder, pues armar todo este tinglado para llevarse eso… ¡menudos frikis! ¡Qué gente más rara anda por el mundo, pardiez!

- Y, a todo esto… ¿dónde están los de seguridad?

- ¡Rayos, me había olvidado por completo de ellos! ¡Y las cámaras de vigilancia! ¡Vayamos a su garita! Y enrollémonos

- ¿¡Perdona!?

- Eh… Y busquémoslos, he dicho.

- Vale, sí, de acuerdo, vamos.

Y, así, la pelirroja de electrónica y nuestro superhéroe de ropa interior femenina se pusieron en marcha hacia el cuarto de los vigilantes, para ver por qué no habían aparecido y, de paso, revisar la grabación de las cámaras para acudir a la policía y dejar que ellos se encargaran del asunto…

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