viernes, 15 de noviembre de 2013

Doorman 12: Presentaciones


-       Informe de situación.

-       No los hemos encontrado, Señor. Ni rastro de ellos, de hecho. Todo parece indicar que las explosiones  fueron controladas a distancia. Dudo que nadie de entre todos esos desgraciados haya podido ver lo que se le venía encima. Por lo que hemos podido visto de refilón, la mayoría fue reducida y llevada a la séptima planta, donde nuestros amigos volvieron a hacer de las suyas. Le mostraré las fotos en cuanto lleguemos a la base. Señor.
 
-       Muchas gracias, Capitán. Por cierto, ¿cómo se encuentra el tipo?

 -       La verdad, no sé qué espera usted de él, Señor, porque, además de fuera de combate, o es el fulano con peor suerte del mundo, o tiene una capacidad sobrehumana para atraer sobre sí todas las desgracias.

-       Si le soy sincero, ni yo mismo lo sé. Lo que sí sé es que esa gente anda detrás de él, así que nuestra obligación es tocarles las pelotas. Y, ya puestos, descubrir por qué es valioso para ellos y en qué medida aunque, de momento, ya ha podido usted ver de lo que son capaces para, digámoslo así, protegerlo. Entre comillas, se entiende.

-       Tenía razón mi madre, Señor. Debería haberme hecho médico. O piloto comercial, que ganan pasta bastante y tienen a todas esas azafatas con ellos todo el día…

-       Haber estudiado. Pringado.

-       ¿Disculpe, Señor?

-       ¿Eh? No le oigo bien, Capitán. Son estos malditos auriculares y el ruido del motor. Digo que haber estudiado para abogado.

-       ¡Ah! Sí, bueno, también. Tiene usted razón, Señor. Otro curro guapo y bien remunerado, ya lo creo.

Aún de noche, la ciudad se había despertado de manera repentina por el estruendo provocado por las explosiones del hospital, en las afueras, aunque sin saber el infierno que allí había tenido lugar, y fue testigo del desfile improvisado de las sirenas de los servicios de emergencia, que inundaron las calles, debido a la alarma.

Por la mañana, la noticia de que un enorme escape de gas había terminado en una enorme tragedia se hizo eco en todas las emisiones, tanto de radio y de televisión, como en las redes sociales donde, para variar, no faltaba quienes ya hubieran hecho montones de conjeturas al respecto, desde bien temprano. No obstante, con suerte, nadie sabría nunca la verdad de lo que allí había sucedido. Un segundo equipo de la gente que había sacado a Ramón del hospital había aparecido poco después en diferentes transportes, tanto por tierra como por aire, y se aseguraron de precintar todo el recinto para evitar que nada ni nadie entrase, a pesar de las lógicas protestas de la policía, médicos y bomberos.

-       ¿Cómo que no podemos pasar ahí dentro? ¡Soy el Comisario Palacios, joder, y este es el Jefe de bomberos Argüelles! ¡Apártense ahora mismo de la entrada o… !

 -       … O nada, Señor Comisario. Llame usted a su superior e indíquele el código 1979, por favor. Él le dirá qué hacer o dejar de hacer. No me mire con esa cara. Sí, dígale simplemente: “código 1979”. Muchas gracias. Y no se olvide terminar con un: “Señor”.

-       Pero…

-       Hágalo, hágalo. Ah, y por favor, lo que sí podrían ustedes hacer después es evitar que nadie se acerque siquiera a las inmediaciones del hospital. Le explicaría el porqué, pero es de suma importancia que no perdamos el tiempo ninguno, o esto se nos irá de las manos, lo cual no sería nada bueno.

Mientras tanto, el helicóptero que transportaba a Ramón volaba aún hacia la base, en una zona montañosa, al sur. No se trataba de un emplazamiento de alto secreto, pero sí es cierto que el helipuerto era poco accesible por carretera (que no había), por lo que resultaba práctico en ese sentido. En la pared de la montaña, una excavación hacía las veces de hangar, donde había un montacargas que descendía varias decenas de metros hasta llegar a varias plantas: la superior, que resultaba ser una cueva natural inmensa y que hacía las veces de garaje para los vehículos, con salida directa al exterior (por ser la zona más débil de la base, también era la más y mejor custodiada); la siguiente, a bastante más profundidad, con oficinas y una sala de mando y control; una tercera, un hospital completo en miniatura; y la última, donde estaban los laboratorios y las salas de pruebas.

Debido al estado de Ramón, se trasladaron directamente a las dependencias de la enfermería, donde un equipo de médicos ya les estaba esperando con los equipos a punto. Estando en el helicóptero ya había recuperado la consciencia (una vez más, de tantas, últimamente), pero le dolía demasiado la pierna como para hacer preguntas o pedir explicaciones aunque, de todas maneras, daba por hecho que, si se las fueran a dar, lo mejor era estar en mejores condiciones. Así pues, se había estado preocupando más del dolor que sufría que del lugar al que lo llevaban.

La gente que lo había sacado del infernal hospital no llegó hasta la planta de la enfermería, sino que se bajó en la de la sala de control, así que sólo iba acompañado por dos enfermeros (para desgracia de sus fantasías, a pesar de su estado). Una vez llegado a destino, más enfermeros y, gracias, enfermeras, salieron a su paso y lo trasladaron a una camilla rodeada de cachivaches extrañísimos y chismes con muchas luces, todo muy de ciencia ficción, pero que acojonaba un rato y, a su lado, tres médicos que lo saludaron, se presentaron, y se pusieron manos a la obra. O eso recuerda, porque poco le duró el permanecer despierto.

Horas más tarde, cuando toda la sedación desapareció de su cuerpo y se fue recuperando poco a poco, vio que lo habían llevado a una habitación amplia, donde permanecía tumbado, con un montón de cables conectados por casi todo el cuerpo, enviando información a varios ordenadores  que recogían todos los datos imaginables. Teniendo eso en cuenta, decidió que lo que mejor podía hacer era relajarse, descansar y coger fuerzas para lo que estuviera por llegar. Ni siquiera tuvo tiempo ni memoria para echar un vistazo a sus magulladuras.

Así permaneció en aquel cuarto, en observación, varios días, con constantes idas y venidas del personal médico, cosa que le pareció extrañísima, pero a la que no le ponía pega alguna. Desde luego, aquello no se parecía al ambulatorio de la Seguridad Social en absoluto, así que valía la pena dejarse llevar. Además, aquello parecía funcionar de lujo, porque notaba cómo se recuperaba a toda prisa, y eso era lo importante. Ahora que lo pensaba, demasiado deprisa, quizá. Como le picaba mucho la curiosidad, al tercer día decidió charlar un rato con el médico principal, que lo visitaba un par de veces cada jornada.

 -       Buenos días, doctor. Verá, me gustaría preguntarle de qué va todo esto, un poco por encima, ya que me están cuidando que es una gozada, pero comprenderá que no entiendo ni gota de lo que está sucediendo, ¿verdad?

-       Me preguntaba cuánto tiempo iba usted a dejar pasar hasta que le diera por indagar acerca de todo esto. De hecho, tenemos una porra en curso, aunque mucho me temo que no la he ganado yo, lo cual lamento profundamente, porque había un buen bote.

-       Vaya, así que soy la atracción del lugar. Una lástima no haberlo sabido. ¡Me hubiera esforzado un poco más para haceros los días más llevaderos!

 -       Comprenderá usted que por aquí no tenemos mucho para poder distraernos, así que un poco de diversión ayuda a no agobiarse a… doscientos metros bajo el suelo, me parece que nos dijeron. En fin. De todas maneras, yo no le puedo decir gran cosa. Eso le corresponde al gran jefe quien, por cierto, estará encantado cuando le comunique su muy favorable evolución, tras las intervenciones que le hemos hecho. Seguramente baje él mismo más tarde, para hablar con usted. Él le contestará a todas sus preguntas, supongo. 

-       ¿Tiene por casualidad papel y un boli que me pueda dejar, para apuntar mi número de teléfono y que se lo dé usted a la enfermera morena que viene a primera hora por las mañanas? Es broma, hombre. Es por seguir haciéndole ameno su trabajo…

-       ¿Broma? Broma es que su seguro no cubre nada de todo esto, y le va a salir por un buen pico, así que disfrútelo el tiempo que pueda.

-       ¿Cómo? ¿Pagar? ¡Pero si yo no pedí nada de esto! ¿Cómo que voy a tener que pagar esta mierda?

-       ¡Ja, ja! Me muero de risa. Ha picado, muchacho. La verdad es que, para ser usted tan valioso como dicen, salta a la mínima y se cree cualquier cosa. En fin, ellos sabrán lo que quieren. Me tengo que ir, señor Ramón. Celebro que se esté recuperando según lo previsto. Que pase un buen día.

-       Lo mismo le digo, Menguele. Por cierto, dígale al ganador de la porra que quiero mi parte. Y, bueno, lo de mi número para la enfermera… esto…

-       Je. ¿Sabe? Dudo que le interese usted demasiado, no sé si me entiende. Hasta la tarde.

Aún con toda la parafernalia conectada a su cuerpo, casi ya por la noche, se presentaron varias personas en la habitación, todas ellas vestidas de paisano, informales. No reconoció a nadie, así que Ramón dedujo que no se trataba de nuevos médicos. Además, tres de ellas parecían estar bastante en forma, así que quiso pensar que se trataba de los machacas de la cuarta persona, un hombre de unos cincuenta y pico años, de aspecto serio. Y no sólo por lo atléticos que parecían. Debía ser deformación profesional, o algo así, pero la manera en que permanecían de pie, a ambos lados del viejo, hacía que costase muy poco reconocer a alguien, como mínimo, de seguridad. 

-       Joder, qué buena está esa tía, ¿no? La virgen, pero lo mismo le digo algo y me rompe la cara de setenta maneras diferentes –fue lo que se le pasó a Ramón por la cabeza, aunque no se le fue del todo: ahí se quedó el pensamiento, haciéndose el despistado.

No obstante, antes siquiera de saludar o de presentarse, el viejo echó un vistazo a la habitación y se dirigió a los ordenadores, donde se detuvo a mirar datos que parecía entender. Eso, o que, como imaginó Ramón, lo hiciera para parecer más interesante o un entendido, por no decir un flipado. Tras unos instantes, se dio la vuelta y encaró la cama. 

-       Bueno, bueno… Parece que evoluciona usted de una manera extraordinaria, Ramón. No lo había dudado ni por un instante pero, aun así, debo felicitar a los médicos que sugerí que le intervinieran. Son los mayores expertos en ciertos campos no muy conocidos, pero ya habrá usted podido comprobar que muy útiles. Apuesto a que puede usted ya, incluso, correr y saltar. Sí señor, lo ha oído bien. Sólo cinco días después de tener aún destrozada la cadera, de haber vuelto a romper la pierna y de moverse por el hospital en silla de ruedas. ¿No le parece asombroso?

-       Sinceramente, más asombroso me hubiera parecido que hubieran entrado ustedes por esa puerta y me hubieran saludado como hace la gente normal, en vez de hacerse los interesantes, con sus gorilas olímpicos y su manera de pasar de mí.

-       ¿Perdón? Tal vez se hayan pasado con los complementos y resulte que le hayan dado hormonas de gallito de pelea…

-       En fin, no me voy a poner a discutir con usted, no creo que me sea de mucha utilidad. ¿Qué es lo que quieren de mí? ¿Dónde carajo estoy? ¿Qué hago aquí y, lo más importante, quiénes son ustedes?

-       Pues, respondiendo aleatoriamente a sus preguntas, a mí me conocen como señor  Pérez, y…

-       ¡Anda, como el ratoncito!

-       ¿Le puedo partir ya los dientes, señor Pérez? Para que lo compruebe. –dijo con reflejos el hombre a su derecha.

-       … Y soy quien dirige, ¿cómo decís los jóvenes hoy en día? Ah, sí, el cotarro. Eso, soy quien dirige el cotarro. Esta gente, totalmente de mi confianza, son el capitán Ruiz, la sargento Torres y el sargento Aguilar. Por el momento, le sobra con saber que no pertenecen a ninguna fuerza oficial conocida. Son, más bien, todoterrenos. Continuando con su petición, se encuentra en unas instalaciones en el interior de unas montañas, al sur de la región. A bastante profundidad, de hecho, así que espero que no tenga claustrofobia. No es una base secreta como podría pensar, pero sirve para pasar desapercibidos, más que de sobra. El resto… lo mejor sería que le pusiera al día con todo el asunto.

-       ¡Oh, sí, por favor, me muero de ganas! ¿Movidas de espías? ¿Terrorismo? ¿Alienígenas? ¿Dictadores que derrocar? ¿Conseguir la paz en el mundo?

 -       ¿Te puedes callar la boca de una puta vez, mierdecilla? –volvió a decir el fulano, antes desconocido, ahora capitán Ruiz.

-       Joder, pues sí que es fiero su secuaz, señor Pérez.

-       Yo no le provocaría demasiado. No es mal tipo, pero le gusta la disciplina, como a mí. No es la persona más feliz por la decisión que tomé sobre protegerle a usted, pero hará lo que sea necesario para que no le suceda nada.

-       Vaya, pues qué situación más embarazosa y tirante: tener que proteger a una persona que odia. Casi como los abogados, pero más físico. Espere un momento: protegerme, ¿de qué o de quién?

-       Buena pregunta. Verá, no es desconocido que muchos investigadores en el mundo trastean con el ADN humano, buscando alterarlo, mutarlo para conseguir ciertas ventajas, ciertas mejoras, en las personas. También podemos dar por hecho que no siempre se busca todo esto para buenas causas. A veces tenemos gente que busca su propio provecho con ellas y, otras veces, directamente, para hacer el mal. Sí, ya sé que suena a cómic, o a novelas futuristas, pero lo cierto es que se trata de algo muy real. Demasiado real, diría yo, pues no sólo se consiguen verdaderos resultados, sino que no es algo muy, muy reciente. Entre nosotros ya hay mucha gente que ha visto potenciadas algunas de sus capacidades y no siempre están controladas. En otras ocasiones, estas alteraciones genéticas se dan de forma natural, o simplemente se heredan de sus progenitores, incluso, mezclándose para obtener un nuevo efecto aleatorio. Por todo esto existen por todo el globo científicos que trabajan por libre, o bajo las órdenes de gente con poder, que trata de hacerse con los productos de sus competidores para estudiar y recopilar datos, y así poder evolucionar sus propias creaciones.

-       Me está usted vacilando, ¿verdad?

-       Pues me temo que no, Ramón. De hecho, creemos que es usted un activo sumamente valioso, tras el que están varios grupos luchando entre sí para conseguirlo, y… en fin, de momento les hemos tomado la delantera a todos ellos.

-       Vamos, no me diga más: ustedes son otro de esos grupos con su propio científico loco y usted es el malo que se ríe mientras acaricia un gato. Pues vaya alegría que me acaba de dar. ¿Hay algo por aquí con lo que poder suicidarse?

-       No se agobie, hombre, no se agobie. No, no somos “de los malos”. Mentiría si dijera que somos los más legales del mundo, pero se podría decir que trabajamos en paralelo a la ley y, a veces, mano a mano con las fuerzas del orden. A pesar de las ventajas que podría suponer el tener gente con unas dotes especiales de su lado, no todo el mundo está capacitado para entender y aceptar esas capacidades extras, combatiendo en el mismo bando. Ni siquiera la prensa ayuda a ese buen entendimiento. Por lo tanto, cuando trabajamos, hacen la vista gorda a regañadientes, pero siempre buscando un pequeño fallo por nuestra parte para meter el dedo en la llaga.

-       Veamos. Entiendo que usted me está hablando de un volumen de organizaciones y de personal considerable y a nivel mundial. Si eso es así, ¿cómo es que ni yo ni nadie ha oído hablar nunca de todo eso?

-       Muchacho, hay tantas cosas que suceden en este planeta de las que nadie se entera nunca, que se te saldría el cerebro por las orejas si te contara la décima parte de ellas. Y creo que voy a continuar tuteándote, que se me hace raro tratar de usted a un especi… a un chaval como tú.

-       Supongamos por un momento que soy confiado y me creo todo lo que me ha estado contando. ¿Dónde encajo yo, exactamente? ¿Qué es lo que nadie quiere de mí? Es decir, trabajo en un centro comercial vendiendo lencería que, por cierto, señorita Torres, déjeme adivinar, diría que usted lleva una…

-       … una inmensa hostia es lo que te vas a llevar tú si terminas esa frase, estúpido. Y es sargento. –soltó automáticamente la sargento Torres.

-       No se llega a donde estamos sin saber lo que sucede en cualquier parte, y es lógico pensar que tenemos una vasta red de espías, de personal en general adherido a nuestra causa que nos informa en tiempo real de lo que sucede delante de nuestros propios ojos o en el rincón más perdido. Efectivamente, sabemos de tu, hasta ahora, limitada capacidad para controlar las puertas (lo que a priori, siendo sarcástico, no es la panacea de los poderes, por llamarlos de alguna manera). Y digo limitada porque creemos que no has desarrollado todo tu potencial, para lo cual estamos aquí nosotros. Puede que nos equivoquemos, o puede que no.

-       No piense que no estoy flipando con lo que me está usted contando, créame, pero entonces, ¿qué carajo sucedió en el hospital? ¿A qué vino toda esa masacre y qué fueron todas esas explosiones? ¿Cómo es que a mí no me pasó nada, entre comillas?

-       De momento, todo eso no lo podemos explicar muy bien, pero tenemos razones para sospechar que uno de esos grupos ya supo de ti antes que nosotros, se nos adelantó e hizo algún tipo de prueba contigo, después de atropellarte. Eso es lo que estamos investigando ahora, con tanto cable, ordenadores y médicos. La parte del genocidio y las explosiones se lo atribuimos a ciertos hermanos “especiales” para quienes ése es su modus operandi, aunque no pudimos encontrarlos ni, por supuesto, atraparlos, que sería la parte complicada, todo hay que decirlo. En fin. Fíjate en la hora, cómo pasa el tiempo. Creo que por hoy ya has tenido suficiente lío en el que pensar un buen rato. Y mañana tenemos preparadas una serie de pruebas para valorar tu estado físico y mental, así que lo mejor será que nos marchemos  y te dejemos descansar. Pasarán a buscarte a eso de las ocho de la mañana, así que estaría bien que estuvieras preparado, para esa hora. Ya continuaremos charlando sobre lo que necesites, en otro momento. Hasta mañana pues, Ramón. 

-       Doorman. 

-       Parece apropiado, sí…

5 comentarios:

  1. Un tipo de unos cincuenta y tantos UN VIEJO?
    Joder Fray deja de dar pol culo a los colegas que triunfamos mas que TU!!!

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    1. ¿Ves? De momento, el decir que Ramón le estima unos cincuenta y tantos, ya ha surtido el efecto que yo quería, que era el de provocar al personal que los ronda ;)

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  2. Por.qué no sale Doorwoman, misogeno ?

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    1. Misógino sí que puede que lo sea, pero no sale Doorwoman porque no la primera idea fue escribir sobre un tío (que no soy yo, a pesar de que tenga un muy ligero parecido) y, de haber alguna chica con sus mismos poderes en el Planeta Tierra, no veo por qué habría de existir en su misma provincia.
      Si te refirieses a una novia/esposa, pues en los capítulos ya se mencionan coosas al respecto (o mismamente, por omisión).

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