sábado, 21 de enero de 2017

Doorman 20: Carreteras secundarias


Hay veces en las que la respuesta más obvia está paseándose por delante de tus narices y no la ves. También puede suceder que, simplemente, la ignoras por evidente y te engañas a ti mismo pensando en algo más complicado. Esto es muy común, sobre todo, cuando hay una avería en un aparato eléctrico cualquiera: la solución casi siempre será la más simple y sencilla, pero si somos de coger rápidamente la herramienta, lo más probable es que desmontemos el chisme por completo antes de dejar entrar en el cerebro la posibilidad de que tan solo fuera que estuviera apagado o desconectado.

Después de tantas idas y venidas, Ramón aún conservaba la capacidad más humana de todas, que no era otra que la de sorprenderse. Y no era para menos, ya que la persona que tenía delante parecía haberle desubicado por completo. No en vano, aunque pudiera parecer que hacía años desde la última vez que habían coincidido, en realidad no habían pasado más que unas cuantas semanas. Quizá meses, pero pocos. Sin embargo, probablemente fuera la última persona que esperaba ver ahora mismo en ese sitio. Y todo porque jamás se hubiera imaginado que aquel hombre que vendía mercancía robada fuera tan chungo como ahora mismo le parecía.

- Salomón...

- ¡Ese mismo! Pareces sorprendido. Es broma, sé que lo estás. A fin de cuentas esto no sucede todos los días, ¿verdad?

- Pues no lo sé, qué quieres que te diga. A estas alturas ya me creo cualquier cosa. Lo único, que parece como si todo el mundo del espionaje residiera en la misma ciudad que yo, y mira que no es gran cosa. En tamaño, me refiero.

- Cosas de la vida, hijo. Aunque no casualidades, como estarás pudiendo deducir erróneamente. Desde luego, antes de que aparecieses en el radar nadie había reparado en ti, eso te lo concedo. Pero todo cambió en algún momento y circunstancia que, probablemente, sólo tú conozcas. Apostaría a que no se lo has contado aún a nadie.

- Pues si te soy sincero, por tanta mierda me habéis hecho pasar que ni me acuerdo. Y casi que mejor, porque si esto va como en las películas, acabaríais jodiéndome de alguna manera con aquellos que conocieran mi secreto y todo ese rollo. Ya sabes, los clichés.

- A ver, eso es innegable, te lo concedo. El camino fácil, en estos casos. Pero contigo no hay problema, en ese sentido eres como un muñeco, porque que acabas haciendo siempre lo que se espera de ti, más o menos. Pérez piensa eso mismo, y doblo mi apuesta anterior.

- Eso sí que es gracioso. ¿Acaso sois hermanos o algo así, y lo que en realidad queréis es tocaros las pelotas el uno al otro? ¿Os pegaban en el colegio? ¿Te estafó en una venta por internet? Es que no lo entiendo. Parecéis dos críos, si no fuera por el reguero de sangre que vas dejando tú y las chorradas imaginarias que me ha contado él. ¡Pues no habrá mejores cosas en la vida con las que entretenerse! ¿Habéis probado a follar, o algo? Cualquiera diría que sois tertulianos en la televisión.

- Mentiría si te dijera que no nos conocemos personalmente, pero esa parte no tenía pensado contártela. Ni qué decir tiene que tampoco mis motivaciones, mis planes o lo que tenga reservado para ti. Una cosa es que esté disfrutando verte sorprendido y sin saber qué hacer y otra que te trate como a un igual. De modo que, si no te molesta, podríamos meternos en el coche y continuar el viaje, que aún nos queda un trecho. Si se te ocurre alguna pregunta durante el trayecto tal vez te la responda, que tampoco soy un ogro.

-  ¡Oh, muchas gracias, Su Santidad!

Aunque era de noche, algo más que el opaco habitáculo de la furgoneta en la que lo habían llevado hasta hacía poco se veía, e indudablemente viajaba con mucha mayor comodidad que antes. De lo que sí se dio cuenta sin preguntar fue que antes había estado viajando todo el rato por autopista, por la suavidad de las curvas y la velocidad constante, y ahora habían cambiado a un firme bastante diferente y más sinuoso. Aunque no era de marearse en coche, su cuerpo le estaba comentando que un rato no estaba mal del todo, pero que un par de horas seguidas por esas vías y tomaría cartas en el asunto.

Por la zona por la que se movían no había pasado en la vida, aunque por sus cálculos intuía su posición, más o menos. De todas maneras de poco le iba a servir, aunque tener la mente ocupada le permitía relajarse.

- Pues no me querrás contar tus puñeteros planes ni para qué me necesitas a mí en ellos, pero podías hablarme de esa manía de matar a gente inocente para conseguir secuestrarme. Porque esto es un secuestro, eso no me lo podrás negar.

- Sí, ya me habían dicho que eras bastante quejica y ahora lo puedo constatar. No hace falta ese egocentrismo, hombre. La intención es ayudarte a controlar y usar eso que tienes dentro en nuestro favor, está claro. Pero si durante el estudio pudiéramos separarlo de ti y conseguir que no nos hicieras falta, pues en fin... supongo que algo de imaginación aún te queda para saber lo que pasaría.

- Mucho más tranquilo me dejas, sí señor. Supongo que le habrá pasado lo mismo a lo que sea esa cosa que enviásteis contra el autobús. Algún experimento del que sentirse orgulloso, ¿no?

- Interesante que sólo lo recuerdes por sus dotes destructivas de hace unas horas. ¿De verdad no te suena de nada su firma?

- ¿Lo dices porque también hizo lo del hospital? Estás enfermo, amigo. Y lo sabes.

- Enfermo creía estar él, en serio. Para nosotros era un tarado más de esos que andan por ahí sueltos y siempre buscando camorra, pero a uno de nuestros ojeadores le dio por seguirle la pista y le vio algo que luego potenciamos en nuestros laboratorios. Como pudiste ver, no es fácil detenerlo una vez se le suelta la correa. Además de ser bastante complicado de controlar cuando está desatado, limpiar sus carnicerías supone más de un quebradero de cabeza para los equipos que se encargan de ello. Eso sí, es efectivo de cojones, si me puedo permitir hablar así.

- ¿Y todo lo enfocáis a la destrucción? ¿Romper cosas, matar gente, destrozar...? ¿No hay ninguna meta mejor que alcanzar?

- Pues seguramente sí, pero no tan emocionante como esta. Por lo general la gente no da las cosas gratuitamente, no las ofrece y las pone al servicio de los demás. Hablo de cosas especiales. Ya sabes: talentos, inventos, ideas, proyectos, capacidades... y últimamente, pues también ciertos poderes. Porque, ¿quién te iba a decir a ti que eso podría suceder en la vida real? En las películas queda genial, o en libros, pero en el día a día eso podría parecer impensable. Ahora sabes que no, que es algo palpable y único, ergo la gente recela de cualquiera que haga preguntas e indague. Cosa lógica, por otra parte. En esos casos, cuando la diplomacia no surte efecto, la violencia sí. Y por eso nosotros somos los malos: porque tenemos menos paciencia en las negociaciones.

- Creo que no es exactamente una respuesta a mi pregunta...

- Ya, ya. Sólo maquillaba un poco el tema. ¿Metas? Las de siempre: poder. Al final todo se simplifica y termina siendo una cuestión de poder y riqueza. Claro que con todo esto se podría ayudar a la humanidad y todas esas gaitas, pero pudiendo sacarle beneficio y desaprovecharlo de esa manera... en fin, menudo desperdicio sin sentido. Mis motivaciones son muchísimo mejores y lucrativas.

- Entiendo. Pero al menos sabrás que acabarás pagando, ¿verdad? Alguien habrá que te eche el guante y tire por los suelos tus maquinaciones y tus sueños de dominación y demás chorradas. Y darás gracias si das con tus huesos en la cárcel y no en una cuneta o un bosque, con un tiro en la cabeza.

- ¿Pero tú en qué mundo vives? ¿No ves nunca las noticias? ¿No lees los periódicos? Gente como yo la hay por todas partes y a todas horas, sólo que a otros niveles. Gente de doble moral y algo más de escrúpulos que yo, o a quienes simplemente no les gusta mancharse mucho las manos: políticos, empresarios, ricachones...  Uno no llega a según qué alturas madrugando y fichando en la oficina o en el taller. Ese idealismo vuestro limpiará las almas, pero no llena los bolsillos. Pragmatismo, chico, pragmatismo. Pero, oye, si con esa manera de pensar que tenéis os conformáis, no seré yo quien diga nada. A mí me viene de perlas.

Aminoraban la velocidad. Aunque estaba metido en la conversación para poder captar cualquier resquicio de información extra, Ramón se dio cuenta de que habían dejado la carretera que habían tomado desde la autopista y se habían metido en otra secundaria, un poco más bacheada que la anterior. Acostumbrado definitivamente a la oscuridad de la noche, pudo ver también que el camino era bastante más estrecho, de un solo carril.

No pasarían más de diez minutos, a pesar de lo eterno que estaba resultando el viaje, cuando la silueta de varias casas fue apareciendo delante de los coches. Dedujo que fuese un pequeño pueblo porque no habían pasado ninguna verja o entrada que le pudiera indicar que se tratase de una sola hacienda con varios edificios. Todo esto lo pensó para entretener la mente porque tampoco tardaría mucho en saber dónde se encontraban, por qué allí y hasta cuándo le tendrían retenido.

- Bueno, Ramón, pues parece que ya estamos llegando a nuestro destino de hoy. Seguramente no sea lo que esperabas cuando decidiste poner rumbo al sur, pero ya verás lo bien que lo vamos a pasar igualmente. Aunque no es más hermoso que los paisajes de tu tierra, verás que tiene su encanto. Eso, y la tranquilidad. Lejos del ruido y la contaminación de las ciudades se vive mucho mejor, qué duda cabe.

Detuvieron los coches en una pequeña plaza entre tres caserones. Parecía que no quisieran despertar a los vecinos, pues los ocupantes se bajaron en silencio y cada uno se marchó en una dirección diferente. En un momento, sólo quedaron Salomón y él mismo allí de pie.

- Por aquí, amigo, sígueme. Espero que no te sientas incómodo del todo. Y, por favor, no te lo tomes a mal, no tengo nada en contra tuya, sólo son las circunstancias, ya te lo he explicado. Seguro que tú también terminas sacando algún beneficio de todo esto. Si cooperas, y esas cosas. ¡Anímate, hombre! -le dio unas palmaditas en la espalda-. ¡Y respira este aire, que... bueno, tú respira, que es sano!

La noche seguía siendo agradable y la temperatura no reclamaba protagonismo a chaqueta alguna. Con paso lento, como deleitándose en aquel paraje, se dirigieron hacia la casa que tenían delante. Era un edificio antiguo, con una puerta igual de vieja. Salomón sacó de su bolsillo una llave muy poco moderna y abrió, aunque se sirvió también de la ayuda de un pequeño empujón y el consiguiente quejido de la madera al sentirse maltratada. Una vez dentro accionó un pequeño interruptor y varias bombillas dieron la bienvenida a los personajes.

- ¡Caray, pues sí que sois sofisticados por estos lares! Ya sé que hay crisis y todo eso, pero semejante escenario no me lo hubiera imaginado en la vida. Eso sí, aquí no vendría a buscaros nadie, eso te lo concedo.

- Hay un par de habitaciones arriba, por si quieres descansar el resto de la noche. Y algo de ropa, supongo. Por la mañana vendrán a prepararte algo para el desayuno y luego ya iremos al lío. Antes empecemos, antes terminamos. Ni se me pasa por la cabeza que se te haya ocurrido la idea de largarte. Aún confío en algún vestigio de lucidez por tu parte, aunque también te digo que no tengo pensado dejar vigilancia alguna dentro o fuera de la casa. Me gusta tratar bien a mi gente y no quiero fastidiarles lo que queda de noche haciendo de canguro, así que te pediría que aprovecharas para dormir un poco.

Dando esa batalla por perdida, Ramón subió las escaleras y se metió en la primera habitación que encontró, donde había una pequeña cama, una lámpara y un armario. Antes de meterse en el catre, salió a buscar el baño para aliviarse y luego regresó, obediente, para aprovechar esta pequeña tregua y debatir un rato con Morfeo.

Aún le dio tiempo, antes de sumirse en un profundo sueño, a oír cómo se cerraba la puerta de abajo al irse Salomón y cómo el silencio volvía a apoderarse de aquella vieja casa.

5 comentarios:

  1. Ohh por fin.

    ¿Qué pasará? Seguiré con la intriga, esperemos no pase tanto tiempo. ;)

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    1. Esta vez te prometo que no. Ya está todo (o casi) en la cabeza, cogiendo forma.

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    2. Ehhh me alegra leer eso. Besazos

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    3. Ehhh me alegra leer eso. Besazos

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